sábado, 21 de mayo de 2011

Una Historia...

Una persona extraña se encontraba visualizando un aparador, la denominación de extraña se la doy yo y la dela acción la efectuaba ella. (Extraña una persona visualizar ciertos recuerdos nítidos.) Yo me imaginaba que ella anhelaba tener algo perfecto que solo la separaba un muro de cristal. (Un muro invisible e inquebrantable es lo que me separa de lo que deseo.) Así que después de pensarlo por un largo tiempo, al fin se decidió a entrar, tocar, probar, preguntar; sentía por un momento que todo estaba perfecto. (Yo siempre he estado decidido, y aunque sé que nada está perfecto, aun espero entrar, palpar, acariciar.) Pero hubo algo, que con precisión no puedo asentir que fue, solo vi que la persona sacudió la cabeza de un lado a otro, titubeo por 1 minuto y salió de la tienda sin más, ni más. (Yo a veces quisiera tener un chance de decidir por mí mismo, si en verdad me quedaría en la sala de tu casa para vernos crecer, o salir a escondidas por la puerta trasera sin palabras que justifiquen mi acto. Tener un chance de saber si eres para mí, o solo correspondes a mi capricho momentáneo. Si reúno o si reúnes las características suficientes para tener el valor de decir: “no, es que no lo entiendes, es mejor así”.) Estuve esperando un par de horas más, para ver si la persona regresaba por lo que en su momento renuncio. Mientras tanto otras personas iban y venían, otras no tan extrañas, hasta que una de ellas se llevó el producto a casa, quizás sin pensarlo mucho, quizás sin el afán de que el producto le satisficiera en todo lo que esperaba, más bien como lo que es: negocio de compra-venta. Pensé que era ideal ocuparlo hasta que el tiempo indique que ya es suficiente, sin tener la necesidad de remendar algo que posteriormente tendrá el mismo final. Pensé que no hay que pensarlo mucho cuando se trata de compartir, porque al final esa es la acción que provoca muchas situaciones más, que desencadena todas las operaciones intensas que uno va procurando con respecto a la relación suntuosa de compra-venta. Así que sin duda, lo único que puedo asentir en este momento es que el amor es mi negocio favorito (aunque no lo sea).

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