Que sí, le tengo respeto a las ambigüedades, porque de ellas dependen gran parte de mis ganancias jeroglíficas. Tesoros aun no identificados, pero bien remendados con el algodón del placer, encerados y pulidos con dolores propios y ajenos.
Todos estos tesoros, como mencione, no han sido revelados a nadie debido a que ningún ente explorador ha interpuesto tiempo y empeño en maniobrar nuevas rutas para demostrar que estos avistamientos superficiales en mí, en realidad existen en alguna parte de este mundo impreciso. En los desiertos blancos de Alaska, en la madre Oceanía y sus hijas islas o en las doradas perfectas pieles del África y Latinoamérica.
Más tardaría en ofrecer lo que ellos llaman “pasión”, que en demostrarme a mí mismo lo que a la virginidad compete. Representaría entonces, los cálidos momentos de deleite personal haciendo hincapié en la exuberancia del género masculino; vertiginosamente sería más hábil con las manos, los labios, las miradas y las palabras: mis cuatro elementos sexuales favoritos. Para demostrarme por algunos días, que puedo ser tan igual y hasta mejor que los demás.
¿Qué hago despierto tan temprano, que hago dormido tan tarde? ¿Qué hago con mis manos desatadas y no sudadas, ni sucias?
Debería animarte a venir a visitarme, para ofrecerte fruta fresca, para explorar tierras pasadas y descubrir escenarios futuros. Debería atreverme a hacerte propuestas simbólicas finas que amarren más que las palabras, más que las mentiras. No quiero desperdiciar más tiempo con enigmas o pleonasmos estudiados, debo decirlo hoy: ¡me gustas!
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