miércoles, 6 de abril de 2011

Vidas Pasadas

Todo lo que estoy haciendo en estos momentos tiene su razón de ser, este periodo tiene una justificación y todos estos cuentos me remiten a una isla cálida pero fría, con hielos desprendidos en el agua bajo un sol nocturno, es ahí a donde yo quiero estar exactamente, solo y acabar mi tiempo, canjear todo el paquete por un momento de paz e ironía. En todas estas noches que he cazado afinidades y demostrado con compatibilidades que no hablamos el mismo idioma, que todos los reflejos que has creado tan solo después de la felicidad me traen intrigas. Molestias por algo que no es cierto, vacunado de algo que no se para que sirve, y no trato de identificar. ¿Dónde había estado en las últimas 7 horas? Soñando con el día, perdido en esta casa vieja producto de mi creación. Recolectando frutos de la vanidad escondida, meciendo minutos entre los dedos, prendiendo velas, apagando esperanzas.

Ya no tengo ganas de conocer gente nueva, porque nunca concluyo un ciclo para empezar otro, son mis eslabones, es inevitable esta demanda de influencias que se aparean unas con otras para ganar espacio, techo y comida en mí. Estas filosofías se van entretejiendo entre sí para atraparte en su red. Y ya no estoy hablando de mí, por lo que infiero a que estoy concluyendo en algo externo. Cuando mi lápiz golpea una hoja de papel todo puede suceder, se suelta a galope para derribar todos los miedos, se enraíza para que no lo derriben los vientos de las oralidades, y se llena en sí, para ser uno de un todo. Misterio de la complejidad incomprendida, que más bien es inalcanzable, porque no se rebaja a demostrar sencillez como el aspecto de regalar, por así decirlo, sus secretos a los transeúntes.

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