I
Nunca me dejaste ser adicto a tus rutinas,
Siempre trataste de darme la opción de preguntar, eso no me gusta.
Y cinco miradas diferentes fueron las que me abrieron los ojos,
No tuviste tiempo para mis compromisos.
Es curiosidad lo que toca a mi ventana, no reproches.
Es tu saliva la que envenena mi miel, no tus palabras.
Mi crueldad tan solo fue muestra de interés,
Siempre espere a que no te dieras cuenta de mi sabor dulce.
Y sin embargo, te escapas a tantas cosas que tengo frente a ti,
A un rasguño en la espalda, a una cama incomoda, a los besos detrás de la puerta.
Sueles provocar mi imaginación, y no apegarte a mi intención.
Siempre buscas terminar esto a ras con una porción grande de intimidad.
Nunca nada te puede tener satisfecho, porque antepones eso que no dejas caer.
Nunca nadie te toca por la espalda, porque es cual piano con notas estancadas.
Y siempre me dejas la maldita opción de esperar, otra vez.
A que te alejes, a que regreses, siempre con nueva cuenta de ser único.
Ya no te creo, no tengo opción: sí.
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