sábado, 4 de junio de 2011

Abominaciones...

Tu voz y las voces que escucho las confundo cuando el diablo me habla al odio, cuando me propone cosas interesantes, pero suelo confundirme más cuando él no me tienta, cuando me deja solo y yo soy responsable de mis actos, porque de ahí no tengo a quien culpar…

Tu imagen y la de los otros las destruyo cuando me invade la furia y solo pienso en traición. Me embriago de pensamientos homicidas y cuando ya estoy harto, tan solo las dejo ir, no las solidifico, dejo que se las lleve el rio, a veces tan solo hay que aceptar las cosas que no pueden ser…

Esas noches en las que me escapo para incluirme en el bajo mundo, realmente no lo es, para mi es segunda vida, el respaldo a mi doble identidad que muchos a veces rechazan de si mismos, concretando citas con algunas verdades vistiendo una elegante mentira, y el sentir que los demás duermen mientras tú vives…

Y no me desvelo ya por ti, ni siquiera por mis preocupaciones bastas, más bien es por el placer de tenerme aquí, de haber perdido el reconocimiento a mis etapas vespertinas y ahora el buscarlas en estos planes interminables, sin un amante ya, sin llamadas telefónicas que terminan en visiones futuras, voy despojándome lentamente de mis quehaceres taciturnos…

Cuando despierto, cierro los ojos otra vez para no dejar escapar las pocas esencias de líneas retorcidas en mi mente, de aquello que solo un gato posee cuando camina solo en el asfalto, aquellas notas fúnebres que acompañan el dolor ajeno y mi inspiración para anunciar la muerte de algo, y al mismo tiempo la germinación de ideas que, amorfas o como sean, son de mi cosecha y por igual las quiero.

Así que, por si dudas a que me dedico cuando no es de día, solo observa mis labios, mis ojos y mi piel, que acompañadas de las primeras palabras que no serán los buenos días, te van a invitar implícitamente a venir abajo, por los túneles o callejones, para que entiendas el por qué las siete vidas de un gato.

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