sábado, 26 de febrero de 2011

A la espera de un Romance.

Espérame.
Espérame sentado en aquella silla del parquecillo polvoriento
Ahí donde resuenan las hojas muertas y los pájaros anuncian el sepelio
Ahí me conocerás,
Cargado de ansias no ejemplificadas.
De querencias atrasadas,
De un romance anhelado.
Tengo las frases, tengo el regalo y la sonrisa sujeta a aprobación
Del tiempo no hablo, porque ha sido bondadoso y me ha dado oportunidades.
De las que reniego, cuestiono y predico. Y muchas veces no aprovecho…
¿Qué nos ha inyectado el mundo de la superficie que ha llenado de capas nuestro corazón?
¿Quién se da cuenta? Quien ignora!
Aquellos que caminan al revés, los que hablan solos, los que hacen oración, los que dan y los que se quedan.
Tengo el papel, tengo el lápiz y el helado.
Todo listo para agradar en cualquier momento.
Ya no tengo trabajo, lo deje todo por caminar descalzo.
Y ni siquiera provoco. Tan solo pura controversia en mi interior.
Una cascada que me lleva a la calma.
Conóceme en la silla de piedra rosada que tiene dibujados corazones.
Trata de preguntar algo y sonreír al hacerlo.
Yo voy a provocar el romance, ese que desde hace tanto tiempo ignore.
Porque si pude; pero me perdí.
Este camino hacia la belleza siempre me confunde.
Por eso recojo las piedras que dejan sueltas y las pinto.
Por eso a veces me quedo y ya no sigo.
Este es el fin, el que yo mismo sentencio.

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